La Reserva Federal de Estados Unidos vuelve a situarse en el centro de todas las miradas. La fortaleza que continúa mostrando el mercado laboral estadounidense está complicando las expectativas de una política monetaria más flexible y mantiene abierto el debate sobre una posible nueva subida de los tipos de interés.
Para los mercados financieros, la cuestión es especialmente relevante. Una economía capaz de seguir generando empleo y mantener un nivel elevado de actividad reduce la necesidad de que la Fed apoye el crecimiento mediante tipos bajos. Al mismo tiempo, un mercado laboral demasiado fuerte puede contribuir a mantener las presiones salariales y dificultar que la inflación regrese de forma sostenible al objetivo del 2%.
El resultado es un escenario incómodo para los inversores: una economía resistente es una buena noticia, pero esa misma fortaleza puede obligar a mantener una política monetaria restrictiva durante más tiempo.
El empleo vuelve a condicionar las decisiones de la Fed
El mercado laboral es uno de los indicadores fundamentales que analiza la Reserva Federal antes de tomar sus decisiones.
Cuando las empresas siguen contratando, el desempleo permanece contenido y los salarios mantienen un crecimiento significativo, aumenta la capacidad de consumo de los hogares. Esto sostiene la actividad económica, pero también puede mantener elevada la demanda y dificultar el descenso de la inflación.
Por este motivo, cada nuevo informe de empleo estadounidense es analizado minuciosamente por los mercados.
Una sucesión de datos laborales sólidos reforzaría la posibilidad de que la Fed mantenga los tipos elevados durante más tiempo o incluso valore un nuevo endurecimiento monetario si las presiones sobre los precios vuelven a intensificarse.
La institución dirigida por Jerome Powell se enfrenta así a un equilibrio complicado: enfriar suficientemente la economía para controlar la inflación sin provocar una desaceleración excesiva.
El objetivo del 2% sigue marcando el camino
La inflación continúa siendo la principal referencia de la política monetaria estadounidense.
El objetivo de la Reserva Federal es conseguir que la inflación se sitúe alrededor del 2% de manera sostenible. No basta, por tanto, con observar algunos meses de moderación en los precios.
La Fed necesita tener suficiente confianza en que las presiones inflacionistas están realmente controladas antes de iniciar una política monetaria claramente expansiva.
Aquí es donde entra en juego el empleo.
Un mercado laboral fuerte puede mantener elevados los salarios y favorecer el consumo. Si las empresas trasladan posteriormente el incremento de sus costes laborales a los precios finales, la inflación puede tardar más tiempo en regresar al objetivo.
Por ello, la fortaleza económica estadounidense puede convertirse paradójicamente en un problema para los mercados.
¿Por qué una subida de tipos afecta tanto a las Bolsas?
Las decisiones de la Reserva Federal tienen consecuencias mucho más allá de Estados Unidos.
El dólar es la principal moneda de reserva internacional y los mercados financieros estadounidenses concentran una parte enorme del capital mundial. Cualquier modificación importante de los tipos de interés de la Fed termina repercutiendo sobre prácticamente todos los mercados.
Unos tipos más altos aumentan el coste de financiación para empresas y consumidores. Las hipotecas, préstamos empresariales y otras formas de crédito se vuelven más caras, reduciendo progresivamente la inversión y el consumo.
Para las Bolsas existe además otro problema.
Cuando los bonos estadounidenses ofrecen rentabilidades elevadas, algunos inversores pueden preferir estos activos frente a las acciones. La renta fija comienza a ofrecer retornos atractivos con un nivel de riesgo generalmente inferior al de la Bolsa.
Las compañías tecnológicas y las empresas de crecimiento suelen ser especialmente sensibles a este escenario, ya que una parte importante de sus valoraciones depende de los beneficios esperados durante los próximos años.
Wall Street, pendiente de cada dato económico
La reacción de Wall Street ante los datos macroeconómicos puede resultar aparentemente contradictoria.
Un buen informe de empleo, que normalmente debería interpretarse como una señal positiva sobre la economía, puede provocar caídas bursátiles si los inversores consideran que aumenta la probabilidad de una subida de tipos.
Por el contrario, determinados signos de debilidad económica pueden impulsar temporalmente las acciones porque reducen las expectativas de endurecimiento monetario.
Es una de esas peculiaridades de los mercados financieros: una buena noticia para la economía real puede convertirse en una mala noticia para la Bolsa.
Los inversores intentan anticiparse constantemente a la siguiente decisión de la Reserva Federal, provocando movimientos importantes en acciones, bonos, divisas y materias primas.
El dólar también entra en juego
Una política monetaria más restrictiva puede beneficiar al dólar.
Cuando los tipos estadounidenses aumentan, los activos denominados en dólares pueden resultar más atractivos para los inversores internacionales. Esto puede incrementar la demanda de la moneda estadounidense y provocar su apreciación frente a otras divisas.
Para Europa, un dólar fuerte tiene consecuencias importantes.
Muchas materias primas internacionales, incluido el petróleo, se negocian en dólares. Una apreciación de la moneda estadounidense puede encarecer las importaciones europeas y añadir nuevas presiones inflacionistas.
Las decisiones de la Fed, por tanto, también pueden terminar condicionando indirectamente las actuaciones del Banco Central Europeo.
¿Qué deberían vigilar ahora los inversores?
Las próximas semanas estarán marcadas por varios indicadores fundamentales.
Los nuevos datos de empleo serán importantes, pero también habrá que prestar atención a la evolución de los salarios, la inflación, el consumo y el crecimiento económico.
Los mensajes de Jerome Powell y del resto de miembros de la Reserva Federal también serán analizados palabra por palabra.
El mercado intentará determinar si la institución considera que los tipos actuales son suficientemente restrictivos o si todavía existe margen para un nuevo incremento.
La gran incógnita es cuánto tiempo puede soportar la economía estadounidense unas condiciones financieras restrictivas sin entrar en una desaceleración significativa.
Por ahora, el mercado laboral continúa proporcionando argumentos a quienes defienden que la economía mantiene suficiente fortaleza para convivir con tipos elevados.
La Fed vuelve a tener la última palabra
El escenario de los próximos meses dependerá fundamentalmente de la evolución de la inflación y del empleo.
Si el mercado laboral continúa mostrando una fortaleza considerable y las presiones inflacionistas persisten, la Reserva Federal tendrá menos incentivos para relajar su política monetaria.
Una nueva subida de tipos volvería a ejercer presión sobre las Bolsas, elevaría las rentabilidades de los bonos y podría fortalecer al dólar.
En cambio, una moderación progresiva del empleo acompañada de una inflación acercándose al objetivo permitiría a la Fed adoptar una posición menos agresiva.
Los mercados buscan desde hace tiempo el momento en el que la política monetaria estadounidense pueda volver a ser claramente favorable para los activos de riesgo. La fortaleza del empleo, sin embargo, continúa retrasando ese escenario.
Estados Unidos sigue demostrando una capacidad de resistencia económica considerable. Para trabajadores y empresas, esa fortaleza tiene aspectos claramente positivos. Para una Reserva Federal obsesionada con devolver definitivamente la inflación al 2%, supone un motivo más para mantener el pie cerca del freno.

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